Regaliz: una pasión neerlandesa con raíces profundas
El regaliz y los Países Bajos van de la mano. Este dulce negro, en todas sus formas y sabores, se ha convertido en un símbolo de nostalgia y orgullo nacional. Aunque el regaliz suele considerarse algo muy neerlandés, su historia va mucho más allá de nuestras fronteras. ¿Cómo es que a los neerlandeses nos encanta el regaliz, mientras que muchos extranjeros lo rechazan? Acompáñanos a descubrir el mundo del regaliz y conoce la historia detrás de esta delicia única.
Por qué los Países Bajos son campeones del mundo comiendo regaliz
Con un consumo medio de dos kilos de regaliz por persona al año, los Países Bajos lideran el ranking mundial. En Escandinavia y Alemania el regaliz también goza de cierta popularidad, pero más hacia el sur el dulce es prácticamente desconocido. Para muchos turistas, el regaliz es una experiencia de sabor incomprensible: demasiado salado, demasiado intenso o simplemente demasiado raro. Así que la pregunta es: ¿por qué aquí es tan querido?
De medicina a golosina
El regaliz llegó a los Países Bajos a través de las farmacias en los siglos XVIII y XIX. En aquella época se recomendaba por sus supuestas propiedades medicinales. Sobre todo durante la epidemia de gripe de 1890, se consumió regaliz de forma masiva con la esperanza de que ayudara contra las enfermedades. Lo que empezó como un remedio, pronto se convirtió en una golosina favorita, y ese cariño pasó de generación en generación.
Regaliz: un sabor adquirido
El sabor intenso del regaliz no es para todo el mundo. Es una delicia que se aprende a disfrutar, igual que las coles de Bruselas o la endivia. En los Países Bajos, el regaliz está muy presente en la cultura; a los niños se les introduce desde pequeños en los distintos sabores. Esa “educación regalicera” explica por qué los neerlandeses siguen apreciando este dulce, mientras que en otros países suele quedarse como un producto de nicho.
Raíces del sur, amor del norte
Aunque el regaliz es inmensamente popular en los Países Bajos, el origen de este dulce está en países del sur. Ya en el Antiguo Egipto se usaban extractos de raíz de regaliz como medicina. Griegos y romanos también vieron su utilidad y lo empleaban para todo tipo de molestias. En el siglo XVIII, el italiano Giorgio Amarelli llevó el proceso de producción del regaliz a otro nivel, sentando así las bases del regaliz moderno tal y como lo conocemos. Sigue siendo fascinante que un producto con raíces sureñas haya conseguido un lugar tan destacado en los Países Bajos.
Un mundo de sabores
Uno de los secretos de la popularidad del regaliz es su enorme variedad. Desde el regaliz dulce con miel hasta el salmiak intenso, y todo lo que hay entre medias: hay un tipo de regaliz para cada antojo y cada gusto. Esa diversidad hace que el regaliz sea accesible para un público amplio y evita que llegue a cansar. Además, su aroma y su sabor suelen despertar recuerdos nostálgicos de antes, cuando la abuela siempre llevaba una bolsita de regaliz en el bolso o te daban un dulce durante un viaje largo en coche.
El regaliz como patrimonio cultural
En los Países Bajos, el regaliz es mucho más que un simple dulce; es parte de la cultura. Une generaciones y da sensación de hogar. Mucha gente se lleva una bolsita de regaliz de vacaciones para aliviar la morriña, y al volver, ese bocado familiar sabe a bienvenida cálida. Por eso el regaliz es un producto único, tanto por su sabor como por su valor emocional.
Éxito internacional
Aunque no todo el mundo fuera de los Países Bajos se enamora de inmediato del sabor tan marcado del regaliz, el interés internacional va en aumento. Cada vez más personas quieren descubrir el “sabor neerlandés”, y para algunos el regaliz incluso se convierte en su favorito. Esta curiosidad es una gran oportunidad para dar a conocer al mundo nuestro dulce nacional.

